El meu bategar, una ànima blanca. La llum, l'aurora, filla del sol. Alessia Garnet
About me
- Alessia Garnet
- Todos empezamos a escribir por la misma razón: para liberar los pensamientos más profundos que tememos pronunciar en alto; para ahogar nuestras ansias de llorar y de gritar; para libar el sabor de vaciarnos un poco por dentro y llenar, de arriba abajo, una hoja en blanco que sin nuestros pedacitos de alma en vela, seguro seria del todo insustancial. Ésta es la versión más pura de mi alma. Más bien dicho: esta es mi alma en carne viva. Descubre mis palabras, saborea mis ideas insumisas, absorve un poco de mi eséncia. Dicho esto, soy Alessia Garnet: un futuro, joven y prometedor proyecto de escritora. Una pequeña alma blanca, viva, caótica y valiente.
divendres, 19 de juny del 2015
Tormentas de Verano
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dimecres, 17 de juny del 2015
"Into the Wild"
En realidad ni buscaba ni quería nada. Se servia de su propia esencia para contemplar, a través de esos cifrados ojos marrones, el mundo que ante ella cobraba forma. Le daba su sentido y, a través del viento, hablaba; a través del sol, observaba; a través del mar, cantaba. Así mismo, sin ni siquiera saberlo, le daba sin cesar sus respuestas al destino y, cual pluma de tinta y hoja en blanco, iba trazando sus rectas directrices.
Alessia Garnet
(Alma Salvaje)
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diumenge, 7 de juny del 2015
Si éste es el momento.
Decidí enamorarme de los momentos. Sí, pero espérate, no saques conclusiones precipitadas. Lo que quiero decir es que decidí dejar de enamorarme de las personas. Decidí dejar de confiar en mí, en que podría soportar que me fallaran. En que podría soportar que me decepcionaran. Siempre lo he pensado, creo que cuando decido confiar en alguien, abrir mi mundo a otra persona, de algún curioso modo, desato todas las ataduras que mantienen mi armadura bien cuerda e, inconscientemente, las abro de palmo a palmo para que mis fantasmas puedan tomar un poco el aire y así pueda recostar también, durante un rato, a los fantasmas de estas otras personitas. Lo hago porqué me sale de los adentros y porque no puedo evitarlo. Porque, a veces, creo que soy capaz de salir de mi cuerpo y, cual pececito, adentrarme, saltando de cabeza en los ojos de las almas de cuyas personas me rodeo aunque, si lo pienso bien, creo que me engaño a mi misma porque al final siempre termino por perderme en mares muy profundos donde las algas me encarcelan y las oscuridades de la mar me envuelven cual mantos de negro mate. Puede que no llegues a comprenderlo, de hecho, una parte recóndita de mi ser desea que no lo hayas hecho. A la otra le da igual, creo que tiró la toalla hace ya un tiempo.
Volvamos a empezar, creo que decidí enamorarme de los momentos en lugar de las personas porque conozco, sin error posible, sus limitaciones y sus alcances. Sé que son efímeros, sé que puedo controlarlos y se que van a acabar en cuanto me lo proponga. Me enamoro de los momentos porque son enormes, te llenan los pulmones y te inundan las nociones. Porque son reales y porque en ese preciso instante, existen como nada más podría llegar a existir en el universo. Porque en los momentos, nada más importa, sólo el tempus fugit de ese preciso segundo. Sólo las ansias de aprovecharlo al máximo, sólo la hambruna de vivirlo y consumirlo sin dejar desperdicio alguno. Los momentos son eso: simples y meros momentos que se definen por si solos y, aún así, me enamoran como lo que más. Sin pensar en el luego, sin cuestionarte un sólo "y si..", sin amargarte por unas estúpidas consecuencias que yacen en manos de Diós sabe quien (o ni Dios, si es que existe uno, sabe).
Decidí decir sí más a menudo, sí a apropiarme de más y más momentos. Sí a hacerme mía mi vida y menos de los planes, y menos de los remordimientos. A hacer porque me apetece y no porque debería. A saltar de un tren por aburrimiento o colarme en otro por osadía. A decidir por mí por lujuria y a comerme el mundo por diversión.
Decidí no agarrarme a ellos y, aún así a no dejarlos ir nunca. Decidí que uno viene tras otro y que no puedo perder el tiempo.
Decidí coser,
tramo a tramo.
Decidí amar,
segundo a segundo.
Pues quiero más,
mucho más.
Voy a amar,
rozar sin piedad,
tu dulce respirar
y el calor
de tu verdad.
Te voy a desnudar
si mis ojos,
si mis manos,
si mis suspiros
lo deciden.
Te voy a acercar,
y mis labios
tiernos,
candentes
verás fantasear.
Hoy vas a gozar,
no lo dudes más,
junto al susurro
de tu cuello,
de tu cuerpo
y al temblor
de mis caderas
Volvamos a empezar, creo que decidí enamorarme de los momentos en lugar de las personas porque conozco, sin error posible, sus limitaciones y sus alcances. Sé que son efímeros, sé que puedo controlarlos y se que van a acabar en cuanto me lo proponga. Me enamoro de los momentos porque son enormes, te llenan los pulmones y te inundan las nociones. Porque son reales y porque en ese preciso instante, existen como nada más podría llegar a existir en el universo. Porque en los momentos, nada más importa, sólo el tempus fugit de ese preciso segundo. Sólo las ansias de aprovecharlo al máximo, sólo la hambruna de vivirlo y consumirlo sin dejar desperdicio alguno. Los momentos son eso: simples y meros momentos que se definen por si solos y, aún así, me enamoran como lo que más. Sin pensar en el luego, sin cuestionarte un sólo "y si..", sin amargarte por unas estúpidas consecuencias que yacen en manos de Diós sabe quien (o ni Dios, si es que existe uno, sabe).
Decidí decir sí más a menudo, sí a apropiarme de más y más momentos. Sí a hacerme mía mi vida y menos de los planes, y menos de los remordimientos. A hacer porque me apetece y no porque debería. A saltar de un tren por aburrimiento o colarme en otro por osadía. A decidir por mí por lujuria y a comerme el mundo por diversión.
Decidí no agarrarme a ellos y, aún así a no dejarlos ir nunca. Decidí que uno viene tras otro y que no puedo perder el tiempo.
Decidí coser,
tramo a tramo.
Decidí amar,
segundo a segundo.
Pues quiero más,
mucho más.
Voy a amar,
rozar sin piedad,
tu dulce respirar
y el calor
de tu verdad.
Te voy a desnudar
si mis ojos,
si mis manos,
si mis suspiros
lo deciden.
Te voy a acercar,
y mis labios
tiernos,
candentes
verás fantasear.
Hoy vas a gozar,
no lo dudes más,
junto al susurro
de tu cuello,
de tu cuerpo
y al temblor
de mis caderas
y al fluir,
de las sonrisas.
Al frenesí
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divendres, 8 de maig del 2015
Bonita Porto
Walking through Porto is like swimming in a chaotic sea of colourful buildings, impressing cathedrals, charming alleys and beautiful gardens all mixed up with its tiny dreamlike fishes, hiding and dancing all around.
As I walk along the city I find myself lost between a centenary of vibrant and narrow streets, making me aware of how amazing this lawlessness turns out to be and, simultaneously, I can't help but fall in love with the glory of this incredible and remote place, lost and found somewhere in Portugal.
As soon as I stare at the whole scenario up from the bridge I realize there's nothing as big to have no solution nor nothing as small to be useless.
I realize this city has a golden scent floating all around its surfaces: caressing Rio Douro, running between its alleys, living inside the Tripeiros' hearts and flying in its air. You can smell it, you can breathe it, you can even touch it but you can't just ignore it.
Thanks Porto, for freeing my mind when I was enchained, muito obrigada.
Alessia Garnet
et ça c'est tout.
OBRIGADISSIMA.
(Fotos propias, Copyrights reservados)
"A veces una imágen vale más que mil palabras"
Serviros vosotros mismos, supongo que con las fotografias habréis entendido la mágia de la que hablo cuando hablo de Porto y su bonita eséncia.
Alessia Garnet
Breve y en castellano, dirigido a las personitas con las que me crucé en Porto;
Adoro Porto. Es un precioso caos de edificios a orillas de un río de mil colores. Es un espectáculo de formas y matices en medio de una ciudad de personas de oro.
Gracias a vosotros (todos los que formasteis parte de mi viaje: Patricia, Rui y David; Dominique; los tres de Salamanca; Juau y Graça; los ingleses; Vasco y sus amigos; Elias y los que me dejo) y a esta maravillosa ciudad, mi experiencia no podría haber sido mejor.
Me llevo conmigo una parte de Porto, os llevo a todos conmigo a Barcelona en un pequeño pedacito de mi coraçao.
Com muito amor,
Alessia.
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dilluns, 27 d’abril del 2015
Un Peter Pan perdut al Segle XXI: Quart capítol.
Quart capítol
"Avui fa un dia massa lleig. És com si algú hagués agafat un pinzell esfilagarsat i amb pintura grisa hagués sumit el cel en una cortina de grisos persistents i impenetrables, en una capa sòlida i opaca del color de la buidor. Avui tan sols tinc ganes de fondre'm sota els llençols i llevar-me l'endemà, només quan els raigs de sol m'acaronin la pell i m'enrojolin les galtes. O potser, potser només voldria tenir-te aquí per fer un cafè i escoltar les teves fantàstiques històries mundanes carregades de boniques paraules transcendents.
La veritat és que no sé ni com, ni perquè ni el moment precís en què ha succeït però sé, amb total fermesa, el què ha passat. He caigut del núvol i et juro, pel cel i tots els seus àngels, que ha sigut com relliscar i caure a terra un dia de pluja. Tot ha passat ràpid, molt ràpid. Ni me n'he adonat que ja era allà, mig trencada, sobre el terra gèlid d'aquesta Barcelona, he sentit la coïssor a la galta i la fredor dins el cos i ho he entès tot de cop. M'he permès desitjar-te, m'he fet vulnerable. Un altre cop. Tinc tanta por que m'he quedat paralitzada."
Els dies passen, les setmanes i al final els quaranta-cinc dies transcorren en un obrir i tancar d'ulls. Pensava que trobar a faltar a algú a qui havies conegut durant tan poc temps era impossible, deixa’m advertir-te: no ho és. Ni jo m’ho creia.
L’últim Skype, te’l pots imaginar: impacient, nerviós, tímid, “tinc ganes de veure’t”, “ets de les primeres coses que vull fer en quan posi els peus sobre Barcelona”, “estaré nerviosa”, “jo no, en tinc masses ganes”, “fins d’aquí unes hores”, “promet-me que mai tornarem a fer skype”, “ens veiem aviat”. Els pip-pip de la trucada que n’anuncien el final. Vam penjar i, efectivament, va ser l’últim cop que vam parlar per videotrucada.
Bé, està clar que el meu Peter Pan ja estava de tornada. Cada fibra i petita cèl·lula del meu cos n’era conscient. Recordo el neguit, les pors, les inseguretats, els desitjos, les ganes, les ànsies, els nervis. Uns nervis terribles que se m’havien posat dins el cos i no tenia ni la més remota idea de com fer-los fora. En poques hores el seu avió aterraria a Barcelona i tota la fantasia que havíem forjat gràcies a la distància s’hauria esfumat i tocaria ensenyar-li a la realitat allò que havíem creat. Calia posar cares, noms, paraules, sons, matisos i sensacions a allò que havíem estat esperant durant quaranta-cinc dies. Ho aconseguiríem? Seria tan perfecte com ho havíem imaginat? Les nostres idees encaixarien dins la realitat imminent? Com pots veure, massa preguntes, massa incerteses, massa tot però, tot i així, estava tan contenta que ni el més petit esdeveniment me’n podria haver distret!
No cal que descrigui el salt que em va fer el cor quan em va dir que ja era a Barcelona i que es moria de ganes de veure’m. Només quedaven unes poques hores per a que allò se succeís, per a que arribés aquell moment tant esperat i desitjat. Costava de creure que, per fi, tots dos tornéssim a trepitjar el mateix sòl, a respirar el mateix aire, a contemplar el mateix horitzó. Era estrany pensar en com de diferent seria tot a partir d’aquell moment.
A vegades, quan desitgem molt, molt alguna cosa no ens adonem que l’estrenyem, la idealitzem i l’exprimim tan de pressa que ni ens en adonem. Això, en certa manera, és el que ens va passar a nosaltres: la fam que teníem l’un de l’altre ens va impedir entreveure la tempesta que s’acostava. Sempre he pensat que l’amor és bo, és tranquil i suau, en canvi, la passió és forta, immoral, capaç de tot, sense límits. D’acord, és obvi que si no hi ha una mica de passió, les coses no valen la pena però quan n’hi ha un excés, la passió pot ser pitjor que una bomba nuclear: només cal el mínim detonant per a que tot salti en l’aire i quedi resumit a un munt de brases coents i cendres punyents. Sí, amic meu, nosaltres desbordàvem passió per tot arreu i, tal i com pertoca a tot Nen Perdut, de res va servir tot allò que haguéssim pogut originar, quan es tracta de Nens Perduts no hi ha res a fer un cop la metxa ja s’ha encès i, creu-me, aquesta feia ja un temps que començava a cremar.
Perdona, com hauràs pogut comprovar tinc una forta tendència a divagar, és el que té gaudir d’una ment dispersa i peculiar com la meva però l’últim que voldria és avorrir-te així que mans a l’obra, que encara queda molt per teixir d’aquesta història.
Què em poso? I el cabell? Però a ell li agrado tal com sóc. Ja m’ha vist amb ulleres, adormida, cansada i de totes les maneres. (Potser massa skypes i tot) Si m’arreglo massa ho notarà i sinó potser no li acabo d’agradar, etz, etz, etz. Tots ens coneixem aquests dilemes mentals al moment abans de sortir de casa. D’acord, manca de tota importància possible però em fa gràcia poder recordar-ho. Pantalons “straw fit” negres, botes marrons casual amb una mica de tacó per dins per no ser gaire més baixeta que ell, samarreta de tirants i jersei gris a sobre, jaqueta “militar” beix, bufanda granat, cabell llis i maquillatge discret, llavis lleugerament acirerats (m’agrada tenir sempre una mica de color als llavis), colònia Cacharel “Forbidden Kiss” i un somriure permanent. No ens oblidem dels nervis que es claven com agulles a la pell, no em van abandonar ni un sol segon.
“Perdona, la meva mare m'havia segrestat i volia comprar-me roba però ara ja he arribat a casa. Ja puc quedar. On ets?”
“Per aquí a prop. A casa un amic, estava fent temps. Vinc?”
“Sí, vine. Quedem dalt de Rogent en deu minuts?”
“Perfecte. Estic nerviosa.”
“No ho estiguis, jo tinc ganes de veure’t”
“I jo. Fins ara.”
Txan-txan! Recordo el que em va dir feia un parell de dies:
“Quan torni i et vegi el primer que faré serà donar-te un petó. Sí, sí, no intentis convèncer-me del contrari perquè no ho aconseguiràs. El faré un petó sí o sí.”
Ja t’he comentat que és un noi molt despistat, veritat? Bé, és això o el nerviosisme el va trair.
A mesura que m’acostava al punt de trobada els batecs del meu cor anaven in crescendo i les galtes anaven enrojolant-se de mica en mica. El vaig veure, allà palplantat, segur que estava mort de vergonya, per molt que ell no m’ho hagi volgut confessar mai, n’estic completament segura. Em va mirar, crec que vaig apartar la mirada, vaig esperar a que la distància entre ambdós fos tan curta que no hi hagués altra opció que mirar-lo directament als ulls.
Sempre he tingut un problema amb les mirades. M’intimiden. Els ulls de les altres persones clavats en mi m’empetiteixen, em fan sentir menuda i indefensa, sempre m’ha passat i no sé ben bé perquè però sóc incapaç d’aguantar la mirada directa d’algú durant gaire més de pocs segons. Tinc la sensació que potser és perquè, al cap i a la fi, sóc força transparent i temo que em puguin llegir, seguir, desencriptar i despullar a través de la mirada. Potser és per això que no m’agrada que gent en la que no confio m’esguardi directament als ulls, perquè tinc por que descobreixin les coses que passen pel meu cap. Podria ser això, podria ser per un altre motiu..., però bé, més val que continuem.
Què fa? Perquè es fa el distret? S’acosta com d’amagat, com si no em conegués i em diu per sota el nas: “Perdona, vens molt sovint per aquí?” Em guinya un ull, somriu. Estic massa nerviosa com per seguir-li el joc, vull aquell petó directe que m’havia promès. L’hi robo directament, no m’agrada esperar, gens ni mica. Si una cosa no sóc és pacient. I encara més desprès de quaranta-cinc dies. I ara, si t’he de ser sincera, he de confessar que va ser un petó estrany, descoordinat en certa manera. No se l’esperava i jo no esperava la dilació d’aquell petó. Ens somriem. Que estrany i curiós! El pla era baixar a veure el mar, el mar que tant havia trobat a faltar mentre havia estat al Nord. Així doncs, comencem a baixar per Rogent: un carrer familiar, un carrer de barri, un carrer típic de poble, un carrer que sense dur-te enlloc desemboca a tot arreu, on hi veus cares conegudes, fanals que amaguen records i racons secrets que guarden històries passades. M’agrada aquest carrer, tinc intenció de forjar-hi moltes memòries, pocs no són mai suficients. Al principi una conversa tímida, amb moltes rialletes i bromes fàcils per alleugerir el pes de la pressió que sosteníem sobre els nostres caps. Seguidament, converses una mica més series, un xic més profundes, més del nostre estil. Desprès mirades dissimulades i expectants, somriures inevitables que s’escapaven enmig d’un silenci, que admetien vàries coses: alleugeriment, felicitat, agraïment, il·lusió, volença.
A cada semàfor ens quedem encarats, fitant-nos nerviosament. Tots dos tenim ganes de fer-nos algun petó però som desertors dels tòpics (tots dos) i rebutgem la idea de ser una parella més deambulant acaramel·lats i malgastant petons en cada petita ocasió que ens brinda el camí. No, nosaltres som diferents, n’estic segura. Perdona, n’estava segura.
No va ser fins que no vam arribar a baix de tot, havent passat per la Rambla del Poblenou i plantant-nos davant el mar. El cel ja havia enfosquit. Era desembre i les hores del sol ja eren curtes, mandroses i llunyanes de nou, així que una suau i freda brisa marina acariciava l’escena: tots dos recolzats sobre la barana de metall que separava l’aigua i la sorra del passeig marítim barceloní. Tots dos contemplant com les onades anaven i venien banyant la nostra terra. Per fi, la mateixa. Veig com absorbeix l’escena, com la degusta, com deixa que es desfaci al seu paladar. “M’encanta”. És com jo, no ho pot evitar. Quan ja ha empassat aquell instant em mira, em somriu i em porta cap a ell. Se’m queda mirant i el més curiós de tot: la seva mirada no em preocupa, no em fa sentir petita; m’omple. Ens mirem, parlant sense dir res, ens recordem totes les converses que hem mantingut mentre ell era fora sense pronunciar una sola paraula, ens assegurem que per fi estem junts, que potser el moment és l’esperat, el correcte, que potser no caldrà buscar més i deixem que les distàncies entre els nostres llavis deixin d’existir per complert. Ens fonem en un petó que feia temps que exigia sortir a la llum i deixem, per un moment, que el món sigui conscient de la nostra existència. Ens permetem un minut d’egocentrisme, un instant d’inexcusable justificació. Ens permetem oblidar cada ferida que la vida ens ha fet i, per un moment, decidim fruir en el moment, l’adelitem i l’exprimim fins a quedar-nos saciats. Oh Barcelona, espero que en fossis plenament conscient perquè aquell, estimada, va ser un gran petó i és l’únic que em nego a oblidar.
"Avui fa un dia massa lleig. És com si algú hagués agafat un pinzell esfilagarsat i amb pintura grisa hagués sumit el cel en una cortina de grisos persistents i impenetrables, en una capa sòlida i opaca del color de la buidor. Avui tan sols tinc ganes de fondre'm sota els llençols i llevar-me l'endemà, només quan els raigs de sol m'acaronin la pell i m'enrojolin les galtes. O potser, potser només voldria tenir-te aquí per fer un cafè i escoltar les teves fantàstiques històries mundanes carregades de boniques paraules transcendents.
La veritat és que no sé ni com, ni perquè ni el moment precís en què ha succeït però sé, amb total fermesa, el què ha passat. He caigut del núvol i et juro, pel cel i tots els seus àngels, que ha sigut com relliscar i caure a terra un dia de pluja. Tot ha passat ràpid, molt ràpid. Ni me n'he adonat que ja era allà, mig trencada, sobre el terra gèlid d'aquesta Barcelona, he sentit la coïssor a la galta i la fredor dins el cos i ho he entès tot de cop. M'he permès desitjar-te, m'he fet vulnerable. Un altre cop. Tinc tanta por que m'he quedat paralitzada."
Els dies passen, les setmanes i al final els quaranta-cinc dies transcorren en un obrir i tancar d'ulls. Pensava que trobar a faltar a algú a qui havies conegut durant tan poc temps era impossible, deixa’m advertir-te: no ho és. Ni jo m’ho creia.
L’últim Skype, te’l pots imaginar: impacient, nerviós, tímid, “tinc ganes de veure’t”, “ets de les primeres coses que vull fer en quan posi els peus sobre Barcelona”, “estaré nerviosa”, “jo no, en tinc masses ganes”, “fins d’aquí unes hores”, “promet-me que mai tornarem a fer skype”, “ens veiem aviat”. Els pip-pip de la trucada que n’anuncien el final. Vam penjar i, efectivament, va ser l’últim cop que vam parlar per videotrucada.
Bé, està clar que el meu Peter Pan ja estava de tornada. Cada fibra i petita cèl·lula del meu cos n’era conscient. Recordo el neguit, les pors, les inseguretats, els desitjos, les ganes, les ànsies, els nervis. Uns nervis terribles que se m’havien posat dins el cos i no tenia ni la més remota idea de com fer-los fora. En poques hores el seu avió aterraria a Barcelona i tota la fantasia que havíem forjat gràcies a la distància s’hauria esfumat i tocaria ensenyar-li a la realitat allò que havíem creat. Calia posar cares, noms, paraules, sons, matisos i sensacions a allò que havíem estat esperant durant quaranta-cinc dies. Ho aconseguiríem? Seria tan perfecte com ho havíem imaginat? Les nostres idees encaixarien dins la realitat imminent? Com pots veure, massa preguntes, massa incerteses, massa tot però, tot i així, estava tan contenta que ni el més petit esdeveniment me’n podria haver distret!
No cal que descrigui el salt que em va fer el cor quan em va dir que ja era a Barcelona i que es moria de ganes de veure’m. Només quedaven unes poques hores per a que allò se succeís, per a que arribés aquell moment tant esperat i desitjat. Costava de creure que, per fi, tots dos tornéssim a trepitjar el mateix sòl, a respirar el mateix aire, a contemplar el mateix horitzó. Era estrany pensar en com de diferent seria tot a partir d’aquell moment.
A vegades, quan desitgem molt, molt alguna cosa no ens adonem que l’estrenyem, la idealitzem i l’exprimim tan de pressa que ni ens en adonem. Això, en certa manera, és el que ens va passar a nosaltres: la fam que teníem l’un de l’altre ens va impedir entreveure la tempesta que s’acostava. Sempre he pensat que l’amor és bo, és tranquil i suau, en canvi, la passió és forta, immoral, capaç de tot, sense límits. D’acord, és obvi que si no hi ha una mica de passió, les coses no valen la pena però quan n’hi ha un excés, la passió pot ser pitjor que una bomba nuclear: només cal el mínim detonant per a que tot salti en l’aire i quedi resumit a un munt de brases coents i cendres punyents. Sí, amic meu, nosaltres desbordàvem passió per tot arreu i, tal i com pertoca a tot Nen Perdut, de res va servir tot allò que haguéssim pogut originar, quan es tracta de Nens Perduts no hi ha res a fer un cop la metxa ja s’ha encès i, creu-me, aquesta feia ja un temps que començava a cremar.
Perdona, com hauràs pogut comprovar tinc una forta tendència a divagar, és el que té gaudir d’una ment dispersa i peculiar com la meva però l’últim que voldria és avorrir-te així que mans a l’obra, que encara queda molt per teixir d’aquesta història.
Què em poso? I el cabell? Però a ell li agrado tal com sóc. Ja m’ha vist amb ulleres, adormida, cansada i de totes les maneres. (Potser massa skypes i tot) Si m’arreglo massa ho notarà i sinó potser no li acabo d’agradar, etz, etz, etz. Tots ens coneixem aquests dilemes mentals al moment abans de sortir de casa. D’acord, manca de tota importància possible però em fa gràcia poder recordar-ho. Pantalons “straw fit” negres, botes marrons casual amb una mica de tacó per dins per no ser gaire més baixeta que ell, samarreta de tirants i jersei gris a sobre, jaqueta “militar” beix, bufanda granat, cabell llis i maquillatge discret, llavis lleugerament acirerats (m’agrada tenir sempre una mica de color als llavis), colònia Cacharel “Forbidden Kiss” i un somriure permanent. No ens oblidem dels nervis que es claven com agulles a la pell, no em van abandonar ni un sol segon.
“Perdona, la meva mare m'havia segrestat i volia comprar-me roba però ara ja he arribat a casa. Ja puc quedar. On ets?”
“Per aquí a prop. A casa un amic, estava fent temps. Vinc?”
“Sí, vine. Quedem dalt de Rogent en deu minuts?”
“Perfecte. Estic nerviosa.”
“No ho estiguis, jo tinc ganes de veure’t”
“I jo. Fins ara.”
Txan-txan! Recordo el que em va dir feia un parell de dies:
“Quan torni i et vegi el primer que faré serà donar-te un petó. Sí, sí, no intentis convèncer-me del contrari perquè no ho aconseguiràs. El faré un petó sí o sí.”
Ja t’he comentat que és un noi molt despistat, veritat? Bé, és això o el nerviosisme el va trair.
A mesura que m’acostava al punt de trobada els batecs del meu cor anaven in crescendo i les galtes anaven enrojolant-se de mica en mica. El vaig veure, allà palplantat, segur que estava mort de vergonya, per molt que ell no m’ho hagi volgut confessar mai, n’estic completament segura. Em va mirar, crec que vaig apartar la mirada, vaig esperar a que la distància entre ambdós fos tan curta que no hi hagués altra opció que mirar-lo directament als ulls.
Sempre he tingut un problema amb les mirades. M’intimiden. Els ulls de les altres persones clavats en mi m’empetiteixen, em fan sentir menuda i indefensa, sempre m’ha passat i no sé ben bé perquè però sóc incapaç d’aguantar la mirada directa d’algú durant gaire més de pocs segons. Tinc la sensació que potser és perquè, al cap i a la fi, sóc força transparent i temo que em puguin llegir, seguir, desencriptar i despullar a través de la mirada. Potser és per això que no m’agrada que gent en la que no confio m’esguardi directament als ulls, perquè tinc por que descobreixin les coses que passen pel meu cap. Podria ser això, podria ser per un altre motiu..., però bé, més val que continuem.
Què fa? Perquè es fa el distret? S’acosta com d’amagat, com si no em conegués i em diu per sota el nas: “Perdona, vens molt sovint per aquí?” Em guinya un ull, somriu. Estic massa nerviosa com per seguir-li el joc, vull aquell petó directe que m’havia promès. L’hi robo directament, no m’agrada esperar, gens ni mica. Si una cosa no sóc és pacient. I encara més desprès de quaranta-cinc dies. I ara, si t’he de ser sincera, he de confessar que va ser un petó estrany, descoordinat en certa manera. No se l’esperava i jo no esperava la dilació d’aquell petó. Ens somriem. Que estrany i curiós! El pla era baixar a veure el mar, el mar que tant havia trobat a faltar mentre havia estat al Nord. Així doncs, comencem a baixar per Rogent: un carrer familiar, un carrer de barri, un carrer típic de poble, un carrer que sense dur-te enlloc desemboca a tot arreu, on hi veus cares conegudes, fanals que amaguen records i racons secrets que guarden històries passades. M’agrada aquest carrer, tinc intenció de forjar-hi moltes memòries, pocs no són mai suficients. Al principi una conversa tímida, amb moltes rialletes i bromes fàcils per alleugerir el pes de la pressió que sosteníem sobre els nostres caps. Seguidament, converses una mica més series, un xic més profundes, més del nostre estil. Desprès mirades dissimulades i expectants, somriures inevitables que s’escapaven enmig d’un silenci, que admetien vàries coses: alleugeriment, felicitat, agraïment, il·lusió, volença.
A cada semàfor ens quedem encarats, fitant-nos nerviosament. Tots dos tenim ganes de fer-nos algun petó però som desertors dels tòpics (tots dos) i rebutgem la idea de ser una parella més deambulant acaramel·lats i malgastant petons en cada petita ocasió que ens brinda el camí. No, nosaltres som diferents, n’estic segura. Perdona, n’estava segura.
No va ser fins que no vam arribar a baix de tot, havent passat per la Rambla del Poblenou i plantant-nos davant el mar. El cel ja havia enfosquit. Era desembre i les hores del sol ja eren curtes, mandroses i llunyanes de nou, així que una suau i freda brisa marina acariciava l’escena: tots dos recolzats sobre la barana de metall que separava l’aigua i la sorra del passeig marítim barceloní. Tots dos contemplant com les onades anaven i venien banyant la nostra terra. Per fi, la mateixa. Veig com absorbeix l’escena, com la degusta, com deixa que es desfaci al seu paladar. “M’encanta”. És com jo, no ho pot evitar. Quan ja ha empassat aquell instant em mira, em somriu i em porta cap a ell. Se’m queda mirant i el més curiós de tot: la seva mirada no em preocupa, no em fa sentir petita; m’omple. Ens mirem, parlant sense dir res, ens recordem totes les converses que hem mantingut mentre ell era fora sense pronunciar una sola paraula, ens assegurem que per fi estem junts, que potser el moment és l’esperat, el correcte, que potser no caldrà buscar més i deixem que les distàncies entre els nostres llavis deixin d’existir per complert. Ens fonem en un petó que feia temps que exigia sortir a la llum i deixem, per un moment, que el món sigui conscient de la nostra existència. Ens permetem un minut d’egocentrisme, un instant d’inexcusable justificació. Ens permetem oblidar cada ferida que la vida ens ha fet i, per un moment, decidim fruir en el moment, l’adelitem i l’exprimim fins a quedar-nos saciats. Oh Barcelona, espero que en fossis plenament conscient perquè aquell, estimada, va ser un gran petó i és l’únic que em nego a oblidar.
dimecres, 22 d’abril del 2015
Te verso.
We aimed for wings
but we were wrong
we were mislead
by our naïve instincts.
I trusted you deep
but you never could
do stand the fear,
the dread that grew
inside our sin.
We made LOVE
but we forgot
that we were
nothing but
burning
coal,
broken pieces
of a senseless
world
simply made of
sadly cracked
and full of worms
only awaiting
for one last strike
and maybe hoping
that we might not fall
this time at all.
Alessia Garnet
dimarts, 21 d’abril del 2015
Un Peter Pan perdut al Segle XXI: Tercer capítol.
Tercer capítol
Tots coneixem el famós tòpic de les relacions a distància, no cal fer-ne gran esmena. Són difícils, doloroses, acostumen a acabar malament, donen lloc a gelosies, recels, desconfiances, etc. Però la nostra mai va ser una relació a distància. Érem única i simplement dues persones que se sentien atretes l'una cap a l'altra igual que un còdol se sent atret pel terra a mesura que s'enfonsa dins l'aigua de la bassa, rodolant lentament, tentinejant, ballant. Era com si, senzillament, ens estiguéssim deixant portar pel pes de la gravetat i ens deixéssim caure, sense preocupacions, en l'abisme d'un món idealitzat, un món nostre on, malgrat els quilometres que ens separaven, tan sols hi érem ell i jo. El temps, la diferència horària, la distància eren només factors aleatoris dels quals en podíem obviar i ignorar l'existència. En realitat, durant el temps que va durar, ho vaig considerar una sort immensa: tenir l'oportunitat de conèixer una persona d'aquesta manera, sense l'obligació moral d'haver d'obrar de cap manera particular, simplement actuant de manera natural perquè, al cap i a la fi, l'únic que fèiem era parlar, conversar, preguntar, explicar. Teníem una fam insaciable per saber més i més, per fer riure, per arrencar somriures. Era bonic, molt. Era, d'alguna manera, pur i desinteressat.
Al principi tot era més formal, es clar. Però la formalitat va ser una barrera massa fàcil de trencar. No calia ser corrent ni aparentar normalitat, no calia fingir. La formalitat no tenia cabuda en les nostres converses ja que, enseguida, vam crear el nostre propi llenguatge, lliure del que pensés la resta del món, lliure de cadenes. Quan parlava amb ell, inconscientment, desconnectava la majora de filtres que la societat tan incansablement imposa i, durant una estona, era com somniar desperta. M'encantava llevar-me d'hora pels matins i encendre el mòbil tan sols obrir els ulls, descobrir que m'havia desitjat bon dia o sorprendre'm quan m'havia parlat al tornar d'alguna festa, que havia pensat en mi i m'havia enviat algun missatge bonic. M'arrancava un somriure. Molts. Tants que recordar-los em mata. Em donava forces per llevar-me del llit, vestir-me i anar a classe quan el sol ni tan sols s'havia alçat sobre Barcelona. Em donava forces per fer i carregar amb tot, absolutament tot. Potser, si me'n donessin l'oportunitat, tornaria a aquest punt on tot era tan idíl·lic, en que el simple fet de rebre un missatge seu m'il·luminava el rostre, en que les seves paraules em semblaven suficient per viure. Crec que si m'haguessin tret l'oxigen en aquell moment ni me n'hagués adonat, en canvi, sense les nostres converses m'hagués asfixiat.
D'acord, sona tot molt dramàtic però, perdona'm la ingenuïtat, mai havia conegut a ningú com ell. Ningú que encaixés en mi d'aquesta manera. Parlar amb ell era alliberar-me, era com tornar a casa després del pitjor dia de la teva vida i estirar-te al llit, assaborint l'escalfor i la comoditat d'aquest. Mai m'havia sentit compresa d'aquesta manera, mai havia compartit els meus somnis amb ningú d'una manera tan pròxima. Era com si les idees que habitaven el meu cervell existissin també dins el seu, amb les mateixes formes, els mateixos colors i les mateixes olors.
Recordo que de tant en tant ens enviàvem fragments que escrivíem en els nostres moments de reflexió individual, que els compartíem l'un amb l'altre perquè..., perquè simplement tenia sentit fer-ho. A vegades, rellegeixo les coses que ens enviàvem però prego que em perdonis, estimat lector, suposo que entendràs que no en posi cap de les seves, no voldria ofendre'l, si mai arriba a caure en el delicte de llegir la meva narració.
"A vegades, quan entro al metro pels matins, del tot atrafegada, me n'adono que es dóna un fenomen molt curiós del que poca gent és conscient.. Miro al meu voltant i veig que hi ha gent que, malgrat la pressa matinera, es passa hores arreglant-se al matí: escollint la roba que més prims i estilitzats els fa semblar, els colors que més ressalten els seus ulls, la seva pell o el seu color de cabell, les sabates que els fan les cames més maques, el maquillatge que més amaga els seus defectes, més perfectes i més "normals" els fa semblar i en si, empastifant la imatge d'allò que realment són. Ho trobo estúpid, extremadament estúpid. No s'adonen que, en realitat, un acte amable de bona fe, una paraula afectuosa o un somriure aporten mil cops més bellesa que tot el maquillatge que es puguin posar en un conjunt d'incontables minuts matiners."
Recordo aquell matí, era al metro, anava distreta mirant a la gent del vagó i em va sorprendre veure la majoria de noies curosament maquillades, amb modelets pensats expressament per a causar bona impressió, preocupades del seu aspecte i enganxades a la pantalla del seus mòbils. Recordo la sensació que em va deixar al cos. Em vaig sentir descuidada al seu costat però, tot i així, jo calçava un somrís d'orella a orella i em sentia bé, despreocupada, lliure. Anava rumiant sobre tot això quan, al passar la targeta per entrar a l'andana del tren vaig veure com a un noi se li queia la cartera al passar a prop meu. El noi anava del tot distret, segurament anava tard, anava amb les presses i ni se'n va adonar. Quedava un minut pel meu tren però no vaig poder estar-me'n d'anar corrent cap a la cartera, recollir-la i perseguir-lo fins a atansar-lo a temps. No puc descriure amb paraules la cara del noi quan va veure la seva pertinença a les meves mans però la gratitud amb la que em va mirar em va deixar parada, em va fer increïblement feliç. Tampoc cal que et digui els pensaments que va desencadenar en mi aquell insignificant instant. Pots tastar-los al paràgraf de sota. De fet, fes-ho. Impregna-te'n. Deixa'ls desfer-se al teu paladar. Quan hagis acabat, et convido a continuar. Si has arribat fins aquí deu ser per alguna raó així que no t'entretindré més. Continua però, abans, deixa'm regalar-te aquestes cursives.
Prosseguint amb el meu relat, el següent és dir-te que dels missatges de mòbil vam passar, ràpidament, a les notes de veu i, seguidament, a les vídeo-trucades, al famós Skype. Tan bon punt vam començar, no vam parar. Mai se'ns acabaven les coses a dir. Parlàvem sobre els nostres anhels, ens explicàvem el nostre dia-a-dia, ens queixàvem de les coses que ens succeïen (ell, principalment, del maleït temps del Nord), parlàvem de quan érem petits, de viatjar, de l'actualitat, de literatura, de menjar, d'escriure, de projectes, de somnis, de pors, parlàvem del que fos i, sempre i sense excepcions, ens hi podíem passar hores.
Al principi, les converses duraven al voltant d'una hora però, a mesura que passaven els dies, les conversacions s'allargaven i s'allargaven i no veiem mai el moment de "penjar". Tant era que fos tard, que haguéssim d'anar a sopar o a alguna festa, que a l'endemà ens haguéssim de llevar ben d'hora. Per aquell aleshores, l'únic que ens importava eren les paraules que pronunciaven els llavis de l'altre, les mirades que confessaven sentiments engabiats, els xiuxiueigs que amagaven desitjos impronunciables. He de confessar que, més d'un cop, em vaig quedar embadalida observant-lo mentre parlava, mentre revelava alguna tímida idea, em relatava alguna anècdota divertida o em parlava sobre curiositats que només ell sap. També recordo haver-nos enxampat, mútuament, somrient sense motiu aparent més d'un cop, mentre ens escoltàvem encisats, mentre ens observàvem amb fascinació. M'enrojolo només de pensar-hi, t'ho prometo. Però, si t'he de ser sincera, tornaria a fer-ho, en pots estar ben segur. Tot plegat, almenys, fins a aquest punt.
Hi havia nits en que em quedava del tot pensativa i no aconseguia adormir-me, pensava en el que em deia, en les nostres petites confessions, en el que tot allò començava a significar per mi. Rumiava sobre la seva manera de ser i parlar, sobre la seva manera de pensar i, com a bona escriptora, no me'n podia estar de provar d'ordenar el caos de lletres que nedaven dins el meu cap i intentar posar-les escrites en paraules.
"Parlava d'ell com si es conegués a la perfecció o potser era més com si en conegués la descripció de memòria i, tot i aixi, tot i la franquesa que semblava emprar en les paraules jo hi entreveia un punt de flaquesa. Veia com intercalava característiques bastant antagonistes, com si ell mateix, sense adonar-se'n, es confongués de personatges. Era clar, als meus ulls, que intentava confondre a la persona que tenia al davant. Tanta seguretat i ambigüitat alhora no podien ser i coexistir d'aquella manera. Almenys, jo, sabia amb certesa que aquelles paraules amagaven alguna cosa més enllà del que deien. Vaig decidir callar i escoltar-lo, observar les seves paraules, observar la nineta dels seus ulls i imaginar quina raó podia portar a una persona tan bonica a parlar d'aquella manera tant potent, franca i alhora mancada de quelcom invisible a la majoria de persones: un bri d'ànima malmesa. Havia decidit amagar el seu jo real rere un personatge fictici al que crec que d'alguna manera idolatra, crec que es protegeix...de mi, del món o bé d'ell mateix."
-Digues alguna cosa, si us plau.
-És que no sé que dir. M'has deixat sense paraules.
-De veritat?
-Sí, de veritat. Mai, cap noia ni ningú m'havia dit res així.
-Mh, començo a sentir-me culpable.
-No ho facis, és només que, m'acabes d'arrencar un tros important d'armadura.
-Bé i això és bo o dolent? Jo no pretenia...
-No, és bo. És increïble, mai havia conegut a cap noia com tu.
-Ni jo a cap noi com tu.
-No sé d'on t'he tret.
-Cada cop queda menys.
-Sí.
Missatge a part, mentre ens quedem en silenci, contemplant-nos, assaborint el moment. Per sota la vídeo-trucada, per missatge escrit simultani a la videoconferència:
Ell: "Ara mateix et faria un petó. En realitat, no. Te'n faria molts"
Jo: "Em deixaria. Mil vegades sí. "
"És obvi al meu entendre que, ningú excepte els Nens Perduts pot entendre o, com a mínim, percebre aquestes connexions que, en aparença etèria, existeixen entre les nostres ànimes. Per aquesta raó, la manera en la que em perdo dins la bellesa de la seva pell resulta imperceptible per a la majoria de mirades innocentment ignorants que habiten sobre la faç de la Terra"
A vegades intentava no parlar-hi tan sovint, intentava absentar-me i desaparèixer una mica. Tenia aquella terrible sensació que, des d'algun lloc remot del meu cor, em deia que com més compartís amb ell, menys en quedaria i jo..., jo només volia disposar d'ell indeterminadament. Pot sonar egoista, infantil o, fins i tot, pretensiós però no ho era. Repeteixo: era pur, era bo. Tot i que, en realitat, vaig saber que estava jugant amb foc en el precís moment en que vaig començar a adormir-me pensant en ell i a despertar-me amb el seu nom escrit als llavis.
Pot semblar exagerat, de fet, a mesura que ho escric penso en la possibilitat que tot això resulti apegalós i ho vaig rellegint desitjant que no ho sigui però és com ho sento, és tal i com surt, curosament exprimit, dels meus pensaments, dels meus records i els meus sentiments.
Podria ser que fos perquè som joves i ho vivim tot d'aquesta manera tan intensa però, realment, crec fermament en la teoria dels Nens Perduts ja que, de cap altra manera, puc entendre l'avanç dels successos, la guerra i el tràgic final i és que si tot això només és una història més, un anècdota de la meva vida, un efímer enamorament de la joventut més val que deixi aquí la meva narració i tot el que hi té a veure.
Tots coneixem el famós tòpic de les relacions a distància, no cal fer-ne gran esmena. Són difícils, doloroses, acostumen a acabar malament, donen lloc a gelosies, recels, desconfiances, etc. Però la nostra mai va ser una relació a distància. Érem única i simplement dues persones que se sentien atretes l'una cap a l'altra igual que un còdol se sent atret pel terra a mesura que s'enfonsa dins l'aigua de la bassa, rodolant lentament, tentinejant, ballant. Era com si, senzillament, ens estiguéssim deixant portar pel pes de la gravetat i ens deixéssim caure, sense preocupacions, en l'abisme d'un món idealitzat, un món nostre on, malgrat els quilometres que ens separaven, tan sols hi érem ell i jo. El temps, la diferència horària, la distància eren només factors aleatoris dels quals en podíem obviar i ignorar l'existència. En realitat, durant el temps que va durar, ho vaig considerar una sort immensa: tenir l'oportunitat de conèixer una persona d'aquesta manera, sense l'obligació moral d'haver d'obrar de cap manera particular, simplement actuant de manera natural perquè, al cap i a la fi, l'únic que fèiem era parlar, conversar, preguntar, explicar. Teníem una fam insaciable per saber més i més, per fer riure, per arrencar somriures. Era bonic, molt. Era, d'alguna manera, pur i desinteressat.
Al principi tot era més formal, es clar. Però la formalitat va ser una barrera massa fàcil de trencar. No calia ser corrent ni aparentar normalitat, no calia fingir. La formalitat no tenia cabuda en les nostres converses ja que, enseguida, vam crear el nostre propi llenguatge, lliure del que pensés la resta del món, lliure de cadenes. Quan parlava amb ell, inconscientment, desconnectava la majora de filtres que la societat tan incansablement imposa i, durant una estona, era com somniar desperta. M'encantava llevar-me d'hora pels matins i encendre el mòbil tan sols obrir els ulls, descobrir que m'havia desitjat bon dia o sorprendre'm quan m'havia parlat al tornar d'alguna festa, que havia pensat en mi i m'havia enviat algun missatge bonic. M'arrancava un somriure. Molts. Tants que recordar-los em mata. Em donava forces per llevar-me del llit, vestir-me i anar a classe quan el sol ni tan sols s'havia alçat sobre Barcelona. Em donava forces per fer i carregar amb tot, absolutament tot. Potser, si me'n donessin l'oportunitat, tornaria a aquest punt on tot era tan idíl·lic, en que el simple fet de rebre un missatge seu m'il·luminava el rostre, en que les seves paraules em semblaven suficient per viure. Crec que si m'haguessin tret l'oxigen en aquell moment ni me n'hagués adonat, en canvi, sense les nostres converses m'hagués asfixiat.
D'acord, sona tot molt dramàtic però, perdona'm la ingenuïtat, mai havia conegut a ningú com ell. Ningú que encaixés en mi d'aquesta manera. Parlar amb ell era alliberar-me, era com tornar a casa després del pitjor dia de la teva vida i estirar-te al llit, assaborint l'escalfor i la comoditat d'aquest. Mai m'havia sentit compresa d'aquesta manera, mai havia compartit els meus somnis amb ningú d'una manera tan pròxima. Era com si les idees que habitaven el meu cervell existissin també dins el seu, amb les mateixes formes, els mateixos colors i les mateixes olors.
Recordo que de tant en tant ens enviàvem fragments que escrivíem en els nostres moments de reflexió individual, que els compartíem l'un amb l'altre perquè..., perquè simplement tenia sentit fer-ho. A vegades, rellegeixo les coses que ens enviàvem però prego que em perdonis, estimat lector, suposo que entendràs que no en posi cap de les seves, no voldria ofendre'l, si mai arriba a caure en el delicte de llegir la meva narració.
"A vegades, quan entro al metro pels matins, del tot atrafegada, me n'adono que es dóna un fenomen molt curiós del que poca gent és conscient.. Miro al meu voltant i veig que hi ha gent que, malgrat la pressa matinera, es passa hores arreglant-se al matí: escollint la roba que més prims i estilitzats els fa semblar, els colors que més ressalten els seus ulls, la seva pell o el seu color de cabell, les sabates que els fan les cames més maques, el maquillatge que més amaga els seus defectes, més perfectes i més "normals" els fa semblar i en si, empastifant la imatge d'allò que realment són. Ho trobo estúpid, extremadament estúpid. No s'adonen que, en realitat, un acte amable de bona fe, una paraula afectuosa o un somriure aporten mil cops més bellesa que tot el maquillatge que es puguin posar en un conjunt d'incontables minuts matiners."
Recordo aquell matí, era al metro, anava distreta mirant a la gent del vagó i em va sorprendre veure la majoria de noies curosament maquillades, amb modelets pensats expressament per a causar bona impressió, preocupades del seu aspecte i enganxades a la pantalla del seus mòbils. Recordo la sensació que em va deixar al cos. Em vaig sentir descuidada al seu costat però, tot i així, jo calçava un somrís d'orella a orella i em sentia bé, despreocupada, lliure. Anava rumiant sobre tot això quan, al passar la targeta per entrar a l'andana del tren vaig veure com a un noi se li queia la cartera al passar a prop meu. El noi anava del tot distret, segurament anava tard, anava amb les presses i ni se'n va adonar. Quedava un minut pel meu tren però no vaig poder estar-me'n d'anar corrent cap a la cartera, recollir-la i perseguir-lo fins a atansar-lo a temps. No puc descriure amb paraules la cara del noi quan va veure la seva pertinença a les meves mans però la gratitud amb la que em va mirar em va deixar parada, em va fer increïblement feliç. Tampoc cal que et digui els pensaments que va desencadenar en mi aquell insignificant instant. Pots tastar-los al paràgraf de sota. De fet, fes-ho. Impregna-te'n. Deixa'ls desfer-se al teu paladar. Quan hagis acabat, et convido a continuar. Si has arribat fins aquí deu ser per alguna raó així que no t'entretindré més. Continua però, abans, deixa'm regalar-te aquestes cursives.
"A vegades busquem la bellesa on se'ns diu que es troba: en grans obres arquitectòniques, edificis modernistes, peces d'art que valen trilions i idees contemporànies que amb prou feines arribem a comprendre i és que, la veritat, no ens en adonem que la bellesa, en realitat, es troba en petits i diminuts instants quotidians que potser a ulls d'un tresorer són tan valuosos com un gra de sorra però que, a ulls d'un cor, són tan immensos com tot l'univers i més enllà. Així mateix, com venia dient, la bellesa es troba en un somriure, en una matinada anormalment groguenca, en un monyo despentinat, en un acte d'amabilitat, en una paraula furtiva, en una broma tonta, en una nit curta, en la brillantor d'una mirada, en el badall d'un nen o en la llàgrima d'un ancià entre mil i una coses més. Al meu entendre, la bellesa no pot estar descrita..., pel que fa a mi, aquest concepte manca de tot significat possible. La bellesa és allò que t'inspiri un pensament bonic, que et doni ganes de sumar-te a una causa, que et doni forces per suportar el dolor, que t'il·lumini un dia gris, que et regali ganes d'ajudar i de ser útil i que, per sobre de tot, et faci voler viure. La bellesa resideix en allò que et faci ser millor, en allò que et sàpiga enlluernar el rostre inclús quan el dia sigui fosc com la nit."
Prosseguint amb el meu relat, el següent és dir-te que dels missatges de mòbil vam passar, ràpidament, a les notes de veu i, seguidament, a les vídeo-trucades, al famós Skype. Tan bon punt vam començar, no vam parar. Mai se'ns acabaven les coses a dir. Parlàvem sobre els nostres anhels, ens explicàvem el nostre dia-a-dia, ens queixàvem de les coses que ens succeïen (ell, principalment, del maleït temps del Nord), parlàvem de quan érem petits, de viatjar, de l'actualitat, de literatura, de menjar, d'escriure, de projectes, de somnis, de pors, parlàvem del que fos i, sempre i sense excepcions, ens hi podíem passar hores.
Al principi, les converses duraven al voltant d'una hora però, a mesura que passaven els dies, les conversacions s'allargaven i s'allargaven i no veiem mai el moment de "penjar". Tant era que fos tard, que haguéssim d'anar a sopar o a alguna festa, que a l'endemà ens haguéssim de llevar ben d'hora. Per aquell aleshores, l'únic que ens importava eren les paraules que pronunciaven els llavis de l'altre, les mirades que confessaven sentiments engabiats, els xiuxiueigs que amagaven desitjos impronunciables. He de confessar que, més d'un cop, em vaig quedar embadalida observant-lo mentre parlava, mentre revelava alguna tímida idea, em relatava alguna anècdota divertida o em parlava sobre curiositats que només ell sap. També recordo haver-nos enxampat, mútuament, somrient sense motiu aparent més d'un cop, mentre ens escoltàvem encisats, mentre ens observàvem amb fascinació. M'enrojolo només de pensar-hi, t'ho prometo. Però, si t'he de ser sincera, tornaria a fer-ho, en pots estar ben segur. Tot plegat, almenys, fins a aquest punt.
Hi havia nits en que em quedava del tot pensativa i no aconseguia adormir-me, pensava en el que em deia, en les nostres petites confessions, en el que tot allò començava a significar per mi. Rumiava sobre la seva manera de ser i parlar, sobre la seva manera de pensar i, com a bona escriptora, no me'n podia estar de provar d'ordenar el caos de lletres que nedaven dins el meu cap i intentar posar-les escrites en paraules.
"Parlava d'ell com si es conegués a la perfecció o potser era més com si en conegués la descripció de memòria i, tot i aixi, tot i la franquesa que semblava emprar en les paraules jo hi entreveia un punt de flaquesa. Veia com intercalava característiques bastant antagonistes, com si ell mateix, sense adonar-se'n, es confongués de personatges. Era clar, als meus ulls, que intentava confondre a la persona que tenia al davant. Tanta seguretat i ambigüitat alhora no podien ser i coexistir d'aquella manera. Almenys, jo, sabia amb certesa que aquelles paraules amagaven alguna cosa més enllà del que deien. Vaig decidir callar i escoltar-lo, observar les seves paraules, observar la nineta dels seus ulls i imaginar quina raó podia portar a una persona tan bonica a parlar d'aquella manera tant potent, franca i alhora mancada de quelcom invisible a la majoria de persones: un bri d'ànima malmesa. Havia decidit amagar el seu jo real rere un personatge fictici al que crec que d'alguna manera idolatra, crec que es protegeix...de mi, del món o bé d'ell mateix."
-Digues alguna cosa, si us plau.
-És que no sé que dir. M'has deixat sense paraules.
-De veritat?
-Sí, de veritat. Mai, cap noia ni ningú m'havia dit res així.
-Mh, començo a sentir-me culpable.
-No ho facis, és només que, m'acabes d'arrencar un tros important d'armadura.
-Bé i això és bo o dolent? Jo no pretenia...
-No, és bo. És increïble, mai havia conegut a cap noia com tu.
-Ni jo a cap noi com tu.
-No sé d'on t'he tret.
-Cada cop queda menys.
-Sí.
Missatge a part, mentre ens quedem en silenci, contemplant-nos, assaborint el moment. Per sota la vídeo-trucada, per missatge escrit simultani a la videoconferència:
Ell: "Ara mateix et faria un petó. En realitat, no. Te'n faria molts"
Jo: "Em deixaria. Mil vegades sí. "
Davant la càmera: els dos somrient com idiotes.
D'acord, tranquil, controla les possibles arcades que et pugen des del ventre. Mare meva, ho escric i t'entenc però si hi penso..., si hi penso em desfaig i m'enamoro. De nou. Recordo tants moments amb tanta claredat que em fa por oblidar-los algun dia.
Però ho faré. Sé que ho faré, de la mateixa manera que ara em forço a oblidar els seus petons, els seus llavis sobre els meus, sobre la meva galta, sobre les meves mans, sobre el meu coll, el meu pit, la meva ànima.
Però ho faré. Sé que ho faré, de la mateixa manera que ara em forço a oblidar els seus petons, els seus llavis sobre els meus, sobre la meva galta, sobre les meves mans, sobre el meu coll, el meu pit, la meva ànima.
"És obvi al meu entendre que, ningú excepte els Nens Perduts pot entendre o, com a mínim, percebre aquestes connexions que, en aparença etèria, existeixen entre les nostres ànimes. Per aquesta raó, la manera en la que em perdo dins la bellesa de la seva pell resulta imperceptible per a la majoria de mirades innocentment ignorants que habiten sobre la faç de la Terra"
A vegades intentava no parlar-hi tan sovint, intentava absentar-me i desaparèixer una mica. Tenia aquella terrible sensació que, des d'algun lloc remot del meu cor, em deia que com més compartís amb ell, menys en quedaria i jo..., jo només volia disposar d'ell indeterminadament. Pot sonar egoista, infantil o, fins i tot, pretensiós però no ho era. Repeteixo: era pur, era bo. Tot i que, en realitat, vaig saber que estava jugant amb foc en el precís moment en que vaig començar a adormir-me pensant en ell i a despertar-me amb el seu nom escrit als llavis.
Pot semblar exagerat, de fet, a mesura que ho escric penso en la possibilitat que tot això resulti apegalós i ho vaig rellegint desitjant que no ho sigui però és com ho sento, és tal i com surt, curosament exprimit, dels meus pensaments, dels meus records i els meus sentiments.
Podria ser que fos perquè som joves i ho vivim tot d'aquesta manera tan intensa però, realment, crec fermament en la teoria dels Nens Perduts ja que, de cap altra manera, puc entendre l'avanç dels successos, la guerra i el tràgic final i és que si tot això només és una història més, un anècdota de la meva vida, un efímer enamorament de la joventut més val que deixi aquí la meva narració i tot el que hi té a veure.
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